INTRODUCCIÓN
Sal
48:14; Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para
siempre; él nos guiará aun más allá de la
muerte.
Debido
a que Dios ha puesto eternidad en el corazón del ser humano (Ec
3:11), las religiones en general
creen en alguna forma de vida después de la muerte. Más en
concreto, las diferentes confesiones cristianas creen que hay un día
fijado por Dios en el que los muertos serán resucitados, unos para
vida y otros para condenación (Jn 5:28-29; Ec 12:13-14).
Por cierto, la resurrección se opone frontalmente a la
reencarnación, que enseñan algunas religiones, ya que, según la
Palabra de Dios, “está establecido para los
hombres que mueran una sola vez, y después de esto el
juicio” (He 9:27).
Ec
3:11; Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto
eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el
hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta
el fin.
Jn
5:28-29; No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos
los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que
hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que
hicieron lo malo, a resurrección de condenación.
Ec
12:13-14; El fin de todo el discurso oído es éste: Teme a Dios, y
guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. 14 Porque
Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa
encubierta, sea buena o sea mala.
Así
que todos los creyentes que basan su fe en la Biblia, sin importar la
denominación religiosa en la que se congreguen o con la que más se
identifiquen, creen en una futura resurrección corporal y en la
existencia de otra vida después de la muerte. Sin embargo no se
ponen de acuerdo entre ellos en lo que les sucede a las personas
inmediatamente después de morir. Que el cuerpo del fallecido regresa
al polvo, de donde procede, y se descompone, es evidente para todos
(Gn 3:19; Job 17:16).
Gn
3:19; Con el sudor de tu
rostro comerás el pan hasta que vuelvas
a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo
eres, y al polvo volverás.
Job
17:16; A la profundidad del Seol descenderán, y juntamente
descansarán en el polvo.
Pero
sobre lo que le ocurre a la parte inmaterial del ser humano hay dos
creencias contrapuestas. Así, mientras unos creen que tras la muerte
no queda nada de las personas hasta el día de la resurrección,
otros sostienen que la parte inmaterial permanece en estado
consciente, con sus pensamientos y sentimientos intactos, a la espera
de ser revestidos con un cuerpo incorruptible. Entre los primeros se
hallan los Testigos de Jehová y la Iglesia Adventista del Séptimo
Día, y entre los segundos casi todos los demás grupos: católicos,
ortodoxos, protestantes, evangélicos, etc.
Otros
puntos de desacuerdo estrechamente relacionados con esta cuestión
son la definición de qué es el alma, así como qué es el infierno
y qué les sucede a las personas que van a parar allí. Si bien en
este estudio voy a reflexionar acerca del alma, el tema del infierno
prefiero dejarlo para otra ocasión.
EL
HOMBRE CONSTA DE UNA PARTE MATERIAL Y OTRA INMATERIAL
Entiendo
que el hombre es un ser tripartito formado por un cuerpo, que es la
parte material y visible, y por un alma y un espíritu, que
conforman su parte inmaterial e invisible.
1
Ts 5:23; Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y
todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado
irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
La
asociación del cuerpo con el alma
El
hombre y el resto de los animales tienen en común que ambos poseen
un cuerpo y un alma, aunque sean diferentes para cada especie. Esto
es así, porque Dios formó del polvo de la tierra a todos los
animales, incluyendo a los hombres (Gn 2:7,19; Job 10:8-9;
Ec 3:19-20). El cuerpo se ocupa
de la parte orgánica y fisiológica, con sus actos reflejos e
instintivos, mientras que el alma gobierna la parte psicológica, que
tiene que ver con los pensamientos, sentimientos, voluntad,
sociabilidad, juegos, etc (Is 15:4).
Gn
2:7,19; Entonces Jehová
Dios formó al hombre del polvo de la
tierra,
y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el
hombre un ser
viviente… 19 Jehová Dios formó, pues, de la
tierra toda bestia del campo, y toda ave
de los cielos...
Job
10:8-9; Tus manos me hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y
me deshaces? 9 Acuérdate que como a barro me diste forma;
¿Y en polvo me has de volver?
Ec
3:19-20; Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que
sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los
unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos;
ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es
vanidad. 20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del
polvo, y todo volverá al mismo polvo.
Is
15:4; Hesbón y Eleale gritarán, hasta Jahaza se oirá su voz; por
lo que aullarán los guerreros de Moab, se lamentará el
alma de cada uno dentro de él.
Hay
una clara distinción entre el cuerpo y el alma, pero también hay
una fuerte interdependencia e influencia recíproca entre ambos (Job
14:22; Sal 31:9; Pr 16:24). Con
todo, cada una de las partes puede tener sensaciones diferentes. Por
ejemplo, puede haber dolor exclusivamente físico o corporal que no
afecte a la psique o alma de la persona; y a la inversa, se puede
experimentar cansancio en el alma sin que necesariamente esté
cansado el cuerpo (2 S 21:15; 2 S 23:10; Jer 6:16; Mt
11:29).
Job
14:22; Mas su carne sobre él se dolerá, y se entristecerá
en él su alma.
Sal
31:9; Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia;
se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y
mi cuerpo.
Pr
16:24; Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al
alma y medicina para los huesos.
2
S 21:15; Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel, y
descendió David y sus siervos con él, y pelearon con los filisteos;
y David se cansó.
2
S 23:10; Este se levantó e hirió a los filisteos hasta
que su mano se cansó, y quedó pegada su mano a la espada...
Jer
6:16; Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad
por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y
hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No
andaremos.
Mt
11:29; Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que
soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para
vuestras almas.
Qué
es el espíritu y su interacción con el alma
Desde
una perspectiva bíblica la palabra “espíritu” tiene varias
acepciones. Una de ellas se refiere al hálito de vida que hace
funcionar el cuerpo conjuntamente con el alma (Job 27:2-4;
Is 26:9); de manera que cuando
Dios pone el soplo del espíritu en los hombres o en los demás
animales, éstos viven, y cuando se lo retira mueren (Stg
2:26; Sal 104:29-30; Ec 8:8).
Job
27:2-4; Vive Dios, que ha quitado mi derecho, y
el Omnipotente, que amargó el alma mía, 3 que todo el
tiempo que mi alma esté en mí, y haya hálito de Dios en mis
narices, 4 mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua
pronunciará engaño.
Is
26:9; Con mi alma te he
deseado en la noche, y en tanto que me dure el
espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque
luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo
aprenden justicia.
Stg
2:26; Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto
(pensemos en un cadáver), así también la fe sin
obras está muerta.
Sal
104:29-30; (en referencia a
todos los seres semovientes) Escondes tu rostro, se turban;
les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. 30
Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra.
Ec
8:8; No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu
para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte;
y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la
posee.
Ahora
bien, en el momento de la muerte no sólo el espíritu abandona el
cuerpo, sino también el alma (Gn 35:18-19).
Esto sucede al exhalar el último aliento o expirar; es decir, al
cesar la respiración (Gn 25:8; Gn 49:33).
Gn
35:18-19; Y aconteció que al salírsele el alma (pues
murió), llamó su nombre Benoni; mas su padre lo llamó
Benjamín. 19 Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino de
Efrata, la cual es Belén.
Gn
25:8 (también Isaac en Gn
35:29); Y exhaló el espíritu, y murió Abraham
en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su
pueblo.
Gn
49:33; Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió
sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus
padres.
Las
expresiones “fue unido a su pueblo”
y “reunido con sus padres”,
que aparecen en los dos últimos versículos, podrían referirse al
hecho de descender al sepulcro como sus antepasados, o bien a
reunirse con ellos en el seno de Abraham; no sé cuál de estas
interpretacioes es correcta, o si las dos lo son.
Otra
acepción de “espíritu” se refiere a la parte del hombre que le
confiere a éste la capacidad de reflexionar sobre sí mismo,
utilizar pensamientos abstractos, ser creativo, usar un lenguaje de
signos de doble articulación, tener sentido de trascendencia,
establecer una relación con Dios, etc. Obviamente estas capacidades
son rasgos distintivos de los seres humanos que los diferencian de
cualquier otra especie animal. De manera que de entre toda la
creación de Dios sólo los hombres y los ángeles somos seres
espirituales (Job 38:36; Sal 32:2; Zac 12:1; Jn 4:24; He
1:13-14).
Job
38:36; ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O
quién dio al espíritu inteligencia?
Sal
32:2; Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
y en cuyo espíritu no hay engaño.
Zac
12:1; 1 Profecía de la palabra de Jehová acerca de Israel. Jehová,
que extiende los cielos y funda la tierra, y forma el
espíritu del hombre dentro de él, ha dicho…
Jn
4:24; Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu
y en verdad es necesario que adoren.
He
1:13-14; Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de
tus pies? 14 ¿No son todos espíritus ministradores,
enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la
salvación?
Si
bien el alma y el espíritu del ser humano son diferentes (Lc
1:46-47; He 4:12), entre
ellos hay una estrecha vinculación, una gran interacción. De manera
que el espíritu, el cual se ocupa de las funciones superiores del
intelecto, puede reflexionar sobre el estado del alma, así como
darle a ésta órdenes o instrucciones para inducir un cambio en ella
y en todo nuestro ser (Sal 42:5; Sal 103:1; Sal
116:7).
Lc
1:46-47; Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor;
7 y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
He
4:12; Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que
toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y
el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne
los pensamientos y las intenciones del corazón.
Sal
42:5; ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas
dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
salvación mía y Dios mío.
Sal
103:1; Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser
su santo nombre.
Sal
116:7; Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque
Jehová te ha hecho bien.
El
espíritu está dotado de conocimiento tal como indica 1
Co 2:11,
lo cual demuestra que no es sólo un hálito que da comienzo al
nacimiento de un nuevo ser y finaliza con su muerte; también es una
parte esencial del hombre que tiene vida propia, y que junto con el
alma perdura aun en ausencia del cuerpo (1
R 17:21-22; He 12:22-23; 1 P 3:18-22; 1 P 4:6).
1
Co 2:11; Porque
¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu
del hombre que está en él?
Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de
Dios.
1
R 17:21-22; Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová
y dijo: Jehová Dios mío, te
ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 22 Y Jehová oyó
la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.
He
12:22-23; ...sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la
ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de
muchos millares de ángeles, 23 a la congregación de los
primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de
todos, a
los espíritus de los justos hechos perfectos...
1
P 3:18-22; Porque también Cristo padeció una sola vez por los
pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo
a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en
el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados,
20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la
paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el
arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por
agua.
1
P 4:6; Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los
muertos, para
que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu
según Dios.
Otros
espíritus no humanos
Las
dos acepciones anteriores del término “espíritu” tienen que ver
con el espíritu del hombre como una parte integral de su ser (Zac
12:1). Pero aún hay otras dos
acepciones de “espíritu”: se trata, por un lado, de los
espíritus angelicales en general y de los demoníacos en particular, que tras la caída en pecado del hombre han
influido en él para que desobedezca a Dios;
y por otro lado, del Espíritu Santo (1 S 16:14; Hch
19:11-12).
Zac
12:1; ...Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y
forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho…
1
S 16:14; El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le
atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.
Hch
19:11-12; Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo,
12 de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o
delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de
ellos, y los espíritus malos salían.
El
Espíritu Santo también ha interactuado desde el principio de la
creación con los hombres; pero a diferencia del diablo y los
espíritus demoníacos, que tientan a los seres humanos para que
pequen (1 Ts 3:5), Él
lo hizo para revelarnos a Dios y darnos a conocer su voluntad.
Además, tras morir y resucitar, Cristo lo envió a su iglesia y a
cada uno de sus discípulos para que more en su interior y los guíe
a toda la verdad (1 Ts 3:5; Pr 1:23; Jn 14:16-17; Jn
16:12-13; Ro 8:16).
1
Ts 3:5; Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié
para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese
tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en
vano.
Pr
1:23; Volveos a mi reprensión; he aquí yo derramaré mi
espíritu sobre vosotros, y os haré saber mis palabras.
Jn
14:16-17; Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que
esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad,
al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce;
pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y
estará en vosotros.
Jn
16:12-13; Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las
podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de
verdad, él os guiará a toda la verdad…
Ro
8:16; El Espíritu mismo da testimonio a nuestro
espíritu, de que
somos hijos de Dios.
QUÉ
ES LA MUERTE Y QUÉ LES SUCEDE AL ALMA Y EL ESPÍRITU AL MORIR
Los
adventistas y los Testigos de Jehová afirman que no tenemos alma,
sino que somos alma. Para ello se apoyan en porciones de la Biblia
tales como Gn 2:7, ...”y
sopló en su nariz aliento de vida, y fue el
hombre un ser viviente”,
o un alma viviente (1
Co 15:45; Ez 47:9).
1
Co 15:45; Así también está escrito: Fue hecho el primer
hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu
vivificante.
Ez
47:9; Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que
entraren estos dos ríos, vivirá; y habrá muchísimos
peces por haber entrado allá estas aguas, y recibirán sanidad; y
vivirá todo lo que entrare en este río.
Sin
embargo en los versículos que acabo de citar se está utilizando una
sinécdoque, que es una figura literaria de uso común en el idioma
español, mediante la cual se designa una cosa con el nombre de otra;
en este caso el todo por una de sus partes (Gn
12:13; Ez 18:4). Por otra
parte también hay que tener presente que las lenguas en general
contienen numerosas palabras con dos o más significados que se
tienen que discernir en función del contexto en el que aparecen.
Gn
12:13; Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por
causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
Ez
18:4; He aquí que todas las almas son mías; como el alma
del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa
morirá.
Pero
así como en las porciones anteriores se muestra el alma con
significado de “ser”, “persona” o “vida de una persona”,
en Sal 6:2-3 el alma
aparece como una parte diferenciada del cuerpo, el
cual es representado aquí
por los huesos. Lo mismo
podemos observar en Lm 3:20
y en otras porciones anteriormente citadas, como los salmos 42:5,
103:1, etc.
Sal
6:2-3; Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy
enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se
estremecen. 3 Mi alma también está muy turbada; y tú,
Jehová, ¿hasta cuándo?
Lm
3:20; Lo tendré aún en memoria, porque mi alma
está abatida dentro de mí;...
Ahora
bien, en la muerte, además del cuerpo y el alma, también está
involucrado el espíritu. El problema es que para los defensores de
la mortalidad del alma, el espíritu es única y exclusivamente la
energía que necesita el hombre para nacer y vivir; de modo que
cuando Dios le quita a una persona esa energía vital se muere,
diluyéndose dicha energía o espíritu y retornando a Dios que lo
dio (Ec 12:1,7; Hch 7:59-60).
Ec
12:1,7; Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes
que vengan los días malos… 7 y el polvo vuelva a la
tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
Hch
7:59-60; Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y
decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de
rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este
pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.
Esta
interpretación es correcta en lo que respecta al espíritu como el
hálito divino que da y quita la vida en esta tierra. Sin embargo,
como ya he dicho antes, el espíritu es también una parte integral
de nuestro ser que no desaparece con la muerte, sino que es recibido
y conservado por Dios, junto con el alma, a la espera de reunirse con
un cuerpo resucitado (Zac 12:1; Ro 8:16).
Zac
12:1; ...Jehová, que extiende los cielos y funda la tierra, y
forma el espíritu del hombre dentro de él, ha dicho…
Ro
8:16; El Espíritu mismo da testimonio a nuestro
espíritu, de que
somos hijos de Dios.
Muerte
espiritual versus muerte fisica
La
expresión “el alma
que pecare, esa morirá”
de Ez 18:4, que ya
cité anteriormente, no nos enseña que el alma muere junto con el
cuerpo, como algunos pretenden, puesto que se refiere a la muerte
espiritual o muerte eterna. Es evidente que si se refiriera a la
muerte física el texto diría que todas las almas mueren, en vez de
afirmar que sólo mueren las que pecan, porque lo cierto es que todos
morimos corporalmente. Por consiguiente dicha expresión no es
aplicable a los que han sido justificados por Cristo, sino a aquellas
almas que parten hacia la eternidad sin haberse arrepentido y creído
en Jesús para ser limpios de sus pecados, y escapar así de la
muerte eterna.
La
Biblia nos muestra claramente que hay un nuevo nacimiento y una
muerte espiritual, que son diferentes del nacimiento y la muerte
físicas (Jn 3:3-6; Ef 2:1).
El pecado acarrea la muerte espiritual, “porque la paga
del pecado es muerte” (Ro
6:23). Por eso Adán murió
espiritualmente el mismo día que pecó, aunque su muerte física se
demoró por cientos de años (Gn 2:16-17).
Jn
3:3-6; De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede
acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de
Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido
del Espíritu, espíritu es.
Ef
2:1; Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos
en vuestros delitos y pecados,
Gn
2:16-17; Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol
del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del
mal no comerás; porque el día que de él comieres,
ciertamente morirás.
Luego
todo ser humano que antes de dejar de respirar sobre la tierra no
nazca de nuevo, pasará al otro lado de la eternidad espiritualmente
muerto y padecerá la muerte eterna o
segunda muerte (Ap 2:11; 20:6,14-15; 21:8),
que básicamente es la separación definitiva del hombre de su
Creador. Por tanto, así como la muerte física produce la separación
entre el alma y espíritu por un lado, y el cuerpo por otro, la
muerte espiritual es la separación entre el hombre y Dios. De manera
que si el hombre no pone remedio a esa situación, arrepintiéndose y
creyendo en Jesucristo durante su vida terrenal, la muerte espiritual
se volverá irreversible, por lo que será arrojado de delante de la
presencia de Dios a un lago de fuego, donde pasará la eternidad en
un estado de sufrimiento, vergüenza y confusión perpetua (Dn
12:2).
Ap
2:11; El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las
iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.
Ap
20:6,14-15; Bienaventurado y santo el que tiene parte en la
primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre
éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y
reinarán con él mil años... 14 Y la muerte y el Hades fueron
lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que
no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de
fuego.
Ap
21:8; Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas,
los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos
tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es
la muerte segunda.
Dn
12:2; Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra
serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y
confusión perpetua (sabemos
por otros pasajes que todos resucitaremos, y que seremos una gran
muchedumbre, por lo que una traducción más precisa aquí sería
“los muchos que duermen en el polvo de la tierra serán
despertados”).
TEXTOS
USADOS EN PRO DE LA MORTALIDAD DEL ALMA
Quienes
sostienen que el alma es mortal se basan principalmente en porciones
del antiguo testamento, extraídos en su mayor parte de Job, Salmos y
Eclesiastés. Algunos de ellos son de difícil interpretación,
especialmente los que hablan del Seol (en griego Hades), porque la
mayor parte de las veces esta palabra se refiere a la tumba (1
R 2:6), pero en otras al lugar
donde van a parar las almas de los muertos hasta que éstos sean
corporalmente resucitados (Lc 16:23),
e incluso en ocasiones de manera específica al infierno (Sal
9:17-18). Y algo parecido
ocurre con la muerte que, como ya he comentado, puede referirse tanto
a la muerte física como a la espiritual, la cual conduce a la muerte
eterna.
1
R 2:6; Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no
dejarás descender sus canas al Seol en paz.
Lc
16:23; Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos,
y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
Sal
9:17-18; Los malos serán trasladados al Seol, todas las
gentes que se olvidan de Dios. 18 Porque no para siempre
será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá
perpetuamente.
Tomando
como referencia a los adventistas sobre lo que les acontece a las
personas después de la muerte, sus creencias se pueden resumir en
estos dos puntos : 1) el alma y el cuerpo forman una unidad
indisoluble, por lo que ambos mueren hasta el día de la
resurrección, en el cual reviven; 2) los resucitados para vida
disfrutarán de la presencia de Dios por toda la eternidad, mas los
resucitados para condenación perecerán para siempre, pues serán
aniquilados o extinguidos en el lago de fuego.
La
segunda cuestión nos lleva a la discusión de qué es el castigo o
muerte eternos; si consiste meramente en que la persona deja de
existir para siempre, o si el castigo consiste en una separación
definitiva de nuestro Creador, que conduce a un estado de sufrimiento
sin fin. Yo entiendo que la condenación eterna de la que nos habla
la Palabra de Dios se refiere a un castigo que dura por toda la
eternidad, y no a que
la condenación es eterna porque es decretada por el Eterno. Pero,
como ya había anticipado, la controversia sobre el infierno o el
lago de fuego no es objeto de este estudio, por lo que me centraré
en la primera suposición; es decir, que el alma muere junto con el
cuerpo.
Hay
un consenso prácticamente total en que la Biblia con mucha
frecuencia usa la expresión dormir con el significado de morir (Sal
13:3; Mt 27:52-53; Jn 11:12-14).
De ahí que los adventistas y algunas otras denominaciones, enseñen
que todos al morir dejaremos de existir hasta que seamos resucitados.
Es como si quedáramos sumidos en un profundo sueño, en un estado de
total inconsciencia hasta que Dios nos despierte. A efectos prácticos
para nosotros sería lo mismo que reunirnos con el Señor
inmediatamente después de morir, ya que al no tener conciencia del
tiempo transcurrido, sería como si éste no hubiera existido. Pero
tal como he estado argumentando, entiendo que el alma y el espíritu
sobreviven a la muerte para estar de inmediato con Cristo, en caso de
ser sus discípulos, o bien para ir al infierno y de ahí al lago de
fuego, en el caso de los incrédulos.
Sal
13:3; Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis
ojos, para que no duerma de muerte…
Mt
27:52-53; ...y se abrieron
los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían
dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros,
después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y
aparecieron a muchos.
Jn
11:12-14; Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo
Lázaro duerme; mas voy para despertarlo. 12 Dijeron
entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13 Pero
Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que
hablaba del reposar del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo
claramente: Lázaro ha muerto.
Examinaré
a continuación algunos textos utilizados por los defensores de la
mortalidad del alma. Comenzando por Job 7:21,
este versículo no se refiere a dejar por completo de existir al
yacer en el sepulcro, sino a no ser hallado más en la tierra de los
vivientes. Y en cuanto a Ec 9:5-6,10,
Salomón simplemente nos insta a aprovechar el tiempo que nos toque
pasar debajo del sol para que hagamos lo que tengamos que hacer,
antes de que nos muramos y sea demasiado tarde. De modo que estos
textos no esconden ninguna enseñanza o doctrina sobre lo que le
acontece al alma después de la muerte.
Job
7:21; ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad?
Porque ahora dormiré en el polvo, y si me buscares de
mañana, ya no existiré.
Ec
9:5-6,10; Porque los que viven saben que han de morir; pero
los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es
puesta en olvido. 6 También su amor y su odio y su envidia
fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace
debajo del sol… 10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer,
hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra,
ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.
La
siguiente porción de Job 14:10-12 es
similar a las dos anteriores con el añadido de que “hasta
que no haya cielo, no despertarán, ni se levantarán de su sueño”.
Esto únicamente se refiere a que al morir, los cuerpos yacen y se
descomponen en la tierra hasta que Dios los resucite, sea para vida o
sea para condenación. Las expresiones despertar y levantarse del
sueño no indican una recuperación de la consciencia del alma, ya
que ésta permanece viva y consciente después de la muerte, sino que
son simples metáforas de la resurrección corporal. Es más lógico
aplicar dichas metáforas a un ser cuya parte inmaterial vive
separada del cuerpo, que a un ser que simplemente ha dejado por
completo de existir. Porque de un estado de letargo e inconsciencia
se puede despertar, pero nadie se puede levantar de un sueño, si ya
no existe.
Job
14:10-12; Mas el hombre morirá, y será cortado; perecerá
el hombre, ¿y dónde estará él? 11 Como las aguas se
van del mar, y el río se agota y se seca, 12 así el
hombre yace y no vuelve a levantarse; hasta que no haya cielo, no
despertarán, ni se levantarán de su sueño.
Las
dos siguientes porciones de Job y Salmos expresan la fe de Job y
David en que un día verán a Dios con sus propios ojos y con un
cuerpo glorificado, a semejanza del cuerpo resucitado de Cristo.
Estos versículos nos sitúan en un tiempo posterior a la
resurrección de los muertos, sin referirse para nada a su situación
previa, por lo que no veo aquí motivo alguno de discusión.
Job
19:25-27; Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre
el polvo; 26 y después de deshecha esta mi piel, en mi
carne he de ver a Dios; 27 al cual veré por mí mismo, y
mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro
de mí.
Sal
17:15; En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré
satisfecho cuando despierte a tu semejanza.
Otro
texto empleado para defender la idea de que el alma deja de existir
cuando el cuerpo yace en la tumba es el Salmo
146, versículos 3 y 4.
Sin embargo, la afirmación de que “en
ese mismo día perecen sus pensamientos” no
significa que el alma de la persona muere, o queda inconsciente, y
que por tanto no puede pensar, sino a que
han perecido o quedado atrás los pensamientos o proyectos que tenía
antes de exhalar su espíritu.
Sal
146:3-4; No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque
no hay en él salvación. 4 Pues sale su aliento, y vuelve
a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos.
Cierro
este apartado con tres porciones de los Salmos en los que David dice
que en la muerte no hay memoria de Dios, y que por consiguiente los
muertos no lo alabarán. Dado que este libro es una colección de
oraciones, poemas y cánticos de alabanza y adoración a Dios,
considero que no es el más indicado para extraer de él doctrinas,
al contrario de lo que sucede con las cartas pastorales de Pablo y de
los otros apóstoles. Con todo, debemos prestarle atención porque
indudablemente es parte de la verdad revelada por Dios.
Empezando
por la porción de Sal 6:4-5,
aquí el salmista clama en oración desde lo más profundo de su ser
en medio de la prueba y aflicción. El estado de ánimo por el que
está atravesando aquí David es similar al que experimenta Job
cuando se expresa en Job 6:1-4, reconociendo
haber hablado precipitadamente, acuciado por su insoportable dolor.
Pero además de eso, Job creía erróneamente que estaba sufriendo un
castigo de Dios. Sin embargo a nadie se le ocurre aceptar como
doctrina esas declaraciones de Job, que fueron hechas en su
ignorancia y tratando de desahogar su alma. Pues en esta porción de
David ocurre algo parecido, nos sirve para poder captar su estado de
ánimo y no para fijar doctrina.
Sal
6:4-5; Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu
misericordia. 5 Porque en la muerte no hay memoria de ti;
en el Seol, ¿quién te alabará?
Job
6:1-4; Respondió entonces Job, y dijo: 2 ¡Oh, que pesasen
justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en
balanza! 3 Porque pesarían ahora más que la arena del
mar; por eso mis palabras han sido precipitadas. 4 Porque
las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi
espíritu; y terrores de Dios me combaten.
En
esa misma línea se halla el Sal 30:9,
cuando David pregunta “¿Te
alabará el polvo?”,
dando a entender en esta oración de acción de gracias que no podrá
alabar a Dios si éste deja que descienda a la sepultura. ¿Significa
eso que tras la muerte el alma deja de existir junto con el cuerpo?
No lo creo; porque si así fuera también tendríamos que creer lo
que dice literalmente el versículo 3 de este mismo salmo, cuya
interpretación correcta es que Dios sanó a David de su enfermedad
cuando estaba al borde de la muerte, y no que lo había resucitado.
Sal
30:9; ¿Qué provecho hay en mi muerte cuando descienda a la
sepultura? ¿Te alabará el polvo? ¿Anunciará
tu verdad?
Sal
30:2-3; Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste. 3 Oh Jehová,
hiciste subir mi alma del Seol; me diste vida, para que no
descendiese a la sepultura.
Por
último, entiendo que los muertos que no alabarán a Jehová
mencionados en Sal 115:17-18,
son personas espiritualmente muertas, hayan o no descendido a la
sepultura. ¿Por qué lo creo así? Porque los que temen a Jehová lo
bendecirán desde ahora y para siempre; es decir, no sólo mientras
están vivos en esta tierra, sino también por toda la eternidad.
Sal
115:17-18; No alabarán los muertos a JAH, ni
cuantos descienden al silencio; 18 pero nosotros
bendeciremos a JAH desde ahora y para siempre. Aleluya.
TEXTOS
SUSCEPTIBLES DE INTERPRETACIONES CONTRADICTORIAS
Si
la expresión “te digo que hoy”
de Lc 23:43 está bien
traducida del texto original, resulta evidente la inmortalidad del
alma. El problema es que quienes creen lo contrario dicen que debería
traducirse por “te digo hoy que”.
De modo que según la primera traducción el alma del malhechor pasó
en ese mismo día a la presencia de Dios, mientras que si la
traducción correcta es la segunda, eso no sucederá hasta el día de
su resurrección. Hay otro texto similar en Dt 30:16 con
la expresión “te mando hoy que”,
pero en este caso no hay ninguna duda sobre su traducción, en el
sentido de que Dios le mandó en ese día a Israel que lo ame
siempre, no sólo en ese día.
Lc
23:43; Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy
estarás conmigo en el paraíso.
Dt
30:16; ...porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu
Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus
mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas
multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual
entras para tomar posesión de ella.
La
siguiente porción de texto (Jn 11:23-26) se
refiere a la resurrección, pero no aclara nada sobre el estado de
las personas inmediatamente después de fallecer. Por consiguiente
estos versículos no son adecuados ni para afirmar ni para negar la
inmortalidad del alma.
Jn
11:23-26; Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 24 Marta
le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día
postrero. 25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el
que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que
vive y cree en mí, no morirá eternamente.
Hay
otro texto muy interesante acerca de la resurrección de los muertos
(1 Co 15:42,44-49).
Nos enseña que resucitaremos con un cuerpo incorruptible a imagen de
Cristo, pasando de lo animal y terrenal a lo espiritual y celestial;
o sea, de un cuerpo dominado por el alma a otro gobernado por el
espíritu. Pero tampoco nos explica qué le pasa al alma y espíritu
al morir.
1
Co 15:42,44-49; Así también es la resurrección de los
muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción…
44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay
cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. 45 Así también
está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el
postrer Adán, espíritu vivificante. 46 Mas lo espiritual
no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47 El primer
hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor,
es del cielo. 48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y
cual el celestial, tales también los celestiales. 49 Y así como
hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen
del celestial.
Mención
aparte merece 1 S 28:8-20, acerca
de lo que sucedió en la visita de Saúl a la adivina de Endor. Para
unos la imagen que se le apareció a Saúl y habló con él fue la
del anciano Samuel, mientras que para otros fue un demonio que lo
suplantó. La primera interpretación demostraría la existencia del
alma y el espíritu fuera del cuerpo, mientras que la segunda no. Al
no estar seguro de cuál es la posición correcta, no haré más
comentarios sobre este texto.
TEXTOS
QUE DEFIENDEN LA INMORTALIDAD DEL ALMA
La
siguiente porción de 2 Co 5:1-4 es
muy parecida a la de 1 Co 15:42,44-49, anteriormente
comentada. No obstante añade a ésta un detalle o matiz diferencial
que considero muy revelador. Se refiere a nuestro cuerpo como el
tabernáculo en el que habitamos, igual que Jesús se refería a su
cuerpo cuando estando en el templo de Jerusalén dijo que el templo
sería destruido y reedificado en tres días (Jn 2:19-21).
Luego es necesario que seamos desnudados de este cuerpo corrupto y
mortal para ser revestidos de otro incorruptible e inmortal en la
resurrección. Así que nuestra alma y espíritu permanecen en estado
consciente aun cuando seamos temporalmente desnudados o despojados de
este cuerpo terrenal.
2
Co 5:1-4; Porque sabemos
que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo,
se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de
manos, eterna, en los cielos. 2 Y por esto
también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra
habitación celestial; 3 pues así seremos hallados vestidos, y no
desnudos. 4 Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo
gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino
revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.
Jn
2:19-21; Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en
tres días lo levantaré. 20 Dijeron luego los judíos: En cuarenta y
seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo
levantarás? 21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo.
Por
si la porción anterior de 2 Co 5:1-4
no fuera suficientemente clara, continúa explicando en los
versículos 6 a 10 que cuando nos ausentamos del cuerpo pasamos
automáticamente a la presencia visible del Señor. Por tanto, al
morir nos ausentamos o desprendemos temporalmente del cuerpo para
vivir en alma y espíritu con Cristo.
2
Co 5:6-10; Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre
tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor 7 (porque
por fe andamos, no por vista); 8 pero confiamos, y más quisiéramos
estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. 9 Por
tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.
10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el
tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que
haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea
malo.
En
la misma línea que acabo de mostrar tenemos Fil 1:21-24.
Pablo expresa su deseo de partir
de esta vida para estar con Cristo; pero por otra parte piensa que es
más necesario quedar en la carne, colaborando con sus hermanos en
beneficio de la obra del Señor. De manera que el alma de los
creyentes arrepentidos no acompaña al cuerpo en la tumba, sino que
parte para estar con su Señor; y en el caso de los incrédulos irá
a parar al Hades, en espera del juicio final.
Fil
1:21-24; Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es
ganancia. 22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en
beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23
Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo
deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; 24
pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.
El
texto de Lc 16:22-26 disipa
cualquier duda sobre la inmortalidad del alma. Da igual que sea
clasificado como una alegoría o una parábola; Jesús, que es la
Verdad, no puede usar ningún ejemplo que induzca a confusión o
error. Por consiguiente el texto deja bien claro que: 1) Estos dos
personajes, sean reales o ficticios, han muerto y se hallan en una
fase anterior a la resurrección final, la cual aún sigue pendiente
de producirse en el día de hoy. 2) Sus almas viven, sienten y son
conscientes de lo que les sucede. 3) En el Hades hay (o al menos
había antes de la resurrección de Cristo) dos compartimentos con
una separación que impide
el paso de uno al otro. 4) Una parte del Hades es un lugar de
tormento, mientras que la otra, llamada el seno de Abraham, es un
lugar de gozo y consuelo.
Lc
16:22-26; Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado
por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue
sepultado. 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y
vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24
Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de
mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y
refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25 Pero
Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu
vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí,
y tú atormentado. 26 Además de todo esto, una gran sima
está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que
quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar
acá.
En
Ap 6:9,11 el apóstol
Juan ve bajo el altar que hay en el cielo las almas de los que habían
sido sacrificados por causa de la palabra de Dios y el testimonio de
Jesús. Éstas, habiendo padecido el martirio durante la Gran
Tribulación, claman justicia a Dios; pero se les dice que aún deben
esperar un poco, hasta la siega del fin del siglo (Ap
14:15,18), a fin de que se
complete el número de los que han de ser salvos.
Es entonces cuando serán corporalmente resucitados para disfrutar en
el reino milenial de Cristo; pero mientras tanto sus almas ya viven
delante de la presencia de Dios.
Ap
6:9,11; Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las
almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios
y por el testimonio que tenían... 11 Y se les dieron vestiduras
blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo,
hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos,
que también habían de ser muertos como ellos.
Ap
14:15,18; Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que
estaba sentado sobre la nube: Mete tu hoz, y siega; porque
la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura…
18 Y salió del altar otro ángel, que tenía poder sobre el fuego, y
llamó a gran voz al que tenía la hoz aguda, diciendo: Mete
tu hoz aguda, y vendimia los racimos de la tierra, porque sus uvas
están maduras.
La
siguiente porción de Ap 20:4-6
corrobora lo que acabo de decir. Estas almas resucitarán para vida
en la primera resurrección y reinarán con Cristo mil años; de
manera que la segunda muerte, que es la muerte eterna, no tiene
potestad sobre los que son partícipes de la primera resurrección.
Ap
20:4-6; Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron
facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por
causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no
habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la
marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con
Cristo mil años. 5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta
que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. 6
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección;
la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos.
Para
terminar, una prueba contundente de la inmortalidad del alma se halla
en Mt 10:28. Este
versículo resalta la diferencia entre matar y destruir: matar el
alma sería eliminarla de una persona; mientras que destruirla
consiste en arruinarla, asolarla, causarle una gran pérdida o daño
irreparable, sin que necesariamente tenga que ser aniquilada. Por eso
el alma no se puede matar, ya que es inmortal; pero sí que puede ser
destruida por Dios en el infierno (Sal
92:6-7).
Mt
10:28; Y
no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar;
temed más bien a aquel que puede destruir
el alma y el cuerpo en el infierno.
Sal
92:6-7; El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto. 7
Cuando brotan los impíos como la hierba, y florecen todos los que
hacen iniquidad, es para ser destruidos eternamente.
Hasta
aquí he llegado, mis queridos lectores. Que “todo vuestro ser,
espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida
de nuestro Señor Jesucristo”. Amén.