3/5/25

La doble naturaleza de Jesús

INTRODUCCIÓN

Es bien sabido que una buena parte de los judíos denigran la figura de Jesús de Nazaret, tachándolo de impostor y blasfemo por presentarse como el Mesías e Hijo de Dios. Por otra parte, no pocos ateos, agnósticos, y personas adscritas a diversas confesiones religiosas creen que Jesús simplemente fue un hombre excepcional en muchos sentidos, pero no Dios. Finalmente, hay denominaciones que se consideran a sí mismas cristianas como, por ejemplo, los Testigos de Jehová, que también niegan su divinidad.

Sin embargo la Biblia revela claramente que Jesús es el Mesías e Hijo de Dios encarnado como un ser humano (Jn 1:14; 1 Ti 3:16). Éste vino a ser el Hijo del Hombre o postrer Adán para revertir las consecuencias del pecado introducido en el mundo por el primer Adán, a fin de que podamos pasar de muerte a vida (Ro 5:18; 1 Co 15:21-22,45). 

Jn 1:14; Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

1 Ti 3:16; E indiscutíblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. 

Ro 5:18; Así que, como por la transgresión de uno (Adán) vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno (Jesucristo) vino a todos los hombres la justificación de vida.

1 Co 15:21-22,45; Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados… 45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

Luego Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, aunque los Testigos de Jehová y otros grupos se empeñen en verlo sólo como un hombre. Esto es así, porque fue concebido de María por obra y gracia del Espíritu Santo; de manera que Jesús de Nazaret recibió la naturaleza divina del Espíritu Santo, junto con la naturaleza humana de María (Mt 1:18,20).

Mt 1:18,20; El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo... 20 ...he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Con todo, tal como se afirma en 1 Ti 3:16, la encarnación de Dios en un ser humano es un misterio que sobrepasa nuestro entendimiento. Dios mismo es un ser inescrutable, que sólo podemos conocer en la medida en que Él se ha querido revelar a los hombres. Así que tenemos que creer en Él por fe, conforme a lo revelado en su Palabra; pues Dios, por ser quien es, no miente (Nm 23:19).

Ro 11:33-34; ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

Nm 23:19; Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? 

No pretendo hacer una investigación exhaustiva sobre la doble naturaleza de Jesús, porque las evidencias de esta verdad son muy cuantiosas y se hallan por toda la Biblia; de modo que considerarlas todas requeriría mucho tiempo. Así que me limitaré a comentar los dos primeros capítulos de la carta a los hebreos, y su conexión con otros textos. La selección de estos dos capítulos tiene la ventaja de que pueden demostrar por sí solos la divinidad (capítulo uno) y la humanidad de Jesús (capítulo dos).

PRESENTACIÓN DE JESÚS COMO EL HIJO DE DIOS (He 1:1-14)

He 1:1-4; Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.

En este texto se hace evidente que quien purificó nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra del Padre, y es superior a los ángeles, no es otro que Jesucristo. Además éste no es un hijo de Dios, sino el Hijo unigénito que es consustancial con Dios desde antes de la creación. También vemos que Cristo es el resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia; y que por y para Cristo fueron creadas todas las cosas visibles e invisibles, las cuales subsisten o son sustentadas con la palabra de su poder (Ap 22:12-13; Jn 1:1-4,18; Col 1:15-17).

Ap 22:12-13; He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. 13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Jn 1:1-4,18; En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres… 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Col 1:15-17; El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten…

He 1:5-14; Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo? 6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. 7 Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. 8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. 10 Y: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura, 12 y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán. 13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

Este texto alude a diferentes pasajes del Antiguo Testamento para hacer notorio que Cristo es superior a los ángeles, los cuales deben someterse a Él y adorarlo (Dt 32:43). Además, a diferencia de éstos, Cristo es declarado: 1) Hijo, por el mismo Jehová (Sal 2:7; 2 S 7:14; 1 Cr 17:13); 2) Poseedor eterno del trono de Dios (Sal 45:6-7); 3) Creador de todas las cosas y Señor que permanece para siempre (Sal 102:25-27); 4) El que está sentado a la diestra del Padre (Sal 110:1).

En mi última reflexión de este capítulo quiero resaltar el hecho de que los ángeles no son comparables a Dios, ya que fue éste quien los creó, si bien fueron hechos superiores a los hombres. Por eso, ¡qué gran privilegio para los herederos de la salvación que Dios les envíe ángeles a su servicio!

PRESENTACIÓN DE JESÚS COMO EL HIJO DEL HOMBRE (He 2:5-18)

He 2:5-8; Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; 6 pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que lo visites? 7 Lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos; 8 Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas. 

Estos versículos nos muestran que Dios hizo enseñorear al hombre sobre toda la tierra (Gn 1:28), y aunque debido a su caída en pecado vemos que todavía no le están sujetas todas las cosas, lo veremos en el mundo venidero. Éste es otro gran privilegio que ni siquiera los ángeles tienen, a pesar de que el hombre fue hecho un poco menor que ellos (Sal 8:3-8).

Gn 1:28; Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

He 2:9-10; Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos. 10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. 

La porción anterior nos revela de manera indirecta que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Porque, o bien hay una contradicción entre He 1:4 y He 2:9, o Jesucristo es superior a los ángeles como Hijo de Dios, pero inferior como Hijo del Hombre. Ahora bien, si partimos de la presuposición de que Dios no puede contradecirse a sí mismo, la única opción que nos queda es admitir la doble naturaleza de Cristo.

El Hijo unigénito de Dios es Dios y no un ser diferente, al participar de su misma naturaleza y sustancia; lo mismo que cualquier hijo o descendiente de Adán es hombre, porque participa de la misma naturaleza y sustancia que aquél. Así que Cristo padeció la muerte por todos en su condición de hombre (Fil 2:5-8). 

Fil 2:5-8; Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

¿Como se conjuga en Jesús el hecho de padecer con el de gustar la muerte por todos? (He 2:9). Esta aparente contradicción se resuelve del siguiente modo: por un lado, la muerte es un padecimiento en sí mismo, y mucho más cuando va acompañada de tanto dolor en el cuerpo y el alma como el que él experimentó, a pesar de ser completamente justo; pero, por otro lado, gustó la muerte por la satisfacción que obtuvo de ver el fruto de su aflicción (Is 53:10-11).

Is 53:10-11; Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 

Por cierto, Is 53:10 concuerda con He 2:10 en el sentido de que Dios, de común acuerdo entre Padre, Hijo y Espíritu Santo, decidió por amor que el Hijo viniera al mundo para redimir, justificar y salvar a la humanidad pecadora (Jn 3:16), dándonos la posibilidad de ser hechos hijos de Dios (Jn 1:12-13). Para ello fue necesario que el Hijo unigénito de Dios se encarnara en Jesús, quien como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1:29), pagó el precio de nuestro rescate, muriendo en sustitución de todos y cada uno de nosotros, para que podamos ser perdonados, reconciliados con Dios, y obtener vida eterna.

Jn 3:16; Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Jn 1:12-13; Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Jn 1:29; El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Asimismo el segundo párrafo de Is 53:10 concuerda con Fil 2:9-11 en que tras la humillación de Jesús vino su exaltación, hasta el punto de que ante Él se doblará toda rodilla. Pero, dado que según Is 45:23 también se doblará toda rodilla ante Jehová, el Cristo resucitado en gloria que está a la diestra del Padre tiene la misma dignidad que aquél; lo que demuestra que Jesús es Dios encarnado. 

Fil 2:9-11; Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

He 2:11-13; Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12 diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré. 13 Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

Aquí se muestra a Jesús en su condición de hombre, sumiso y dependiente por completo del Espíritu Santo y de su Padre que está en los cielos (Is 8:17). Esto lo asemeja a los que habiendo nacido de nuevo en el Espíritu por creer en Jesús, han sido hechos hijos de Dios, a quienes el Padre ha puesto bajo su cuidado (Is 8:18; Jn 17:4-6). De manera que tanto el hombre puro que nos santifica, que es Jesús, como los que somos santificados por él pertenecemos a Dios. De ahí que, considerándonos hermanos, nos anuncie al Padre y nos enseñe con su ejemplo a darle Él toda gloria y alabanza (Sal 22:22). 

Jn 17:4-6; Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

He 2:14-15; Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. 

Estos dos versículos nos indican que fue necesario que el Hijo de Dios se encarnara en Jesús para poder ser cabeza y representante de la humanidad como el postrer Adán, el cual vino para vencer al diablo y la muerte, mediante su propia muerte y resurrección (Jn 11:25-26; 1 Co 15:55-57). Por tanto, gracias al sacrificio expiatorio y sustitutorio de Cristo, podemos ser liberados de la esclavitud del pecado, que nos condenaba a la muerte espiritual por toda la eternidad, ya que la retribución o castigo por el pecado es la muerte (Ro 6:22-23).

Jn 11:25-26; Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.

1 Co 15:55-57; ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Ro 6:22-23; Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Pero Jesús no sólo nos libra de la muerte, sino también del temor a la misma, al no estar sujetos a la servidumbre del viejo pacto, que hacía depender la salvación del cumplimiento íntegro de las obras de la ley. Y sabemos que nadie, excepto el propio Jesús, fue ni será jamás capaz de cumplirlas, por lo que la ley acarreaba para nosotros maldición (Gá 3:10-14). 

Gá 3:10-14 (también Lv 18:5; Ro 10:5); Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. 11 Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; 12 y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. 13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)...

Lo bueno es que ahora estamos bajo el nuevo pacto en la sangre de Cristo, quien saldó nuestra deuda con la justicia divina para que seamos salvos por gracia, por medio de la fe y no por obras (Ef 2:8-9; Gá 2:16). De manera que somos justificados por Dios, no por la calidad y cantidad nuestras obras sino por los méritos exclusivos de nuestro salvador Jesucristo, por cuyo motivo podemos descansar confiados y seguros, desechando todo temor a lo que nos pueda acontecer en el futuro, incluyendo la propia muerte.

Ef 2:8-9; Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.

Gá 2:16; ...sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado. 

He 2:16-18; Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. 17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados. 

Vuelvo a afirmar aquí que si el Hijo de Dios no se hubiera encarnado en Jesús de Nazaret, éste no habría podido ser el misericordioso y fiel sumo sacerdote que expió nuestros pecados. Lo extraordinario de dicha expiación es que, como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, se ofreció a sí mismo cual cordero sin mancha ni contaminación (He 5:8-10; 1 P 1:18-19).

He 5:8-10; Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. 

1 P 1:18-19; ...sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación... 

Comparándonos de nuevo con los ángeles, los seres humanos recibimos otro privilegio que ellos no obtuvieron. El Hijo de Dios encarnado se hizo semejante a un hermano amoroso que conoce nuestras debilidades, que pasó por toda clase de penurias, y que fue tentado como nosotros, pero sin pecado; por lo cual está presto para socorrernos poderosamente cuando somos tentados, o necesitamos cualquier tipo de ayuda en medio de las dificultades y aflicciones de esta vida. Esto que hizo Dios por nosotros no lo hizo por los ángeles.

Y para finalizar, la función de Jesucristo como nuestro fiel sumo sacerdote implica que sea nuestro único mediador y abogado defensor ante el Padre celestial (1 Ti 2:5-6; 1 Jn 2:1). 

1 Ti 2:5-6; Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos...

1 Jn 2:1; Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.

Gracias por seguirme hasta aquí. Bendiciones en Cristo.

9/4/25

Las tablas del pacto

 

INTRODUCCIÓN

La Biblia es una inagotable fuente de sabiduría. No puede ser de otra manera por cuanto es palabra de Dios, revelada por el Espíritu, personificada en el Verbo o Hijo, y encarnada en nuestro Señor Jesucristo. Entre los innumerables motivos de reflexión, en esta ocasión he fijado mi atención en las tablas de la ley.

Con respecto a las mismas podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Por qué escribió Dios los diez mandamientos en dos tablas y no en una? ¿Por qué escribió en tablas de piedra y no de otro material más blando? ¿Por qué escribió por ambas caras?

En mis reflexiones comenzaré por las cuestiones menos obvias e importantes, para centrarme luego en las más claras y relevantes.

¿POR QUÉ FUERON ESCRITAS POR LOS DOS LADOS?

Éx 32:15-16; Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas. 16 Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas.

No tengo respuesta a esta pregunta, o al menos no hallo ninguna que sea confiable y segura. Por tanto, cualquier cosa que diga sobre este punto debe considerarse mera suposición o hipótesis. En todo caso Éx 32:15-16 tiene cierto parecido con Zac 5:2-3.

Zac 5:2-3; Y me dijo: ¿Qué ves? Y respondí: Veo un rollo que vuela, de veinte codos de largo, y diez codos de ancho. 3 Entonces me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; porque todo aquel que hurta (como está de un lado del rollo) será destruido; y todo aquel que jura falsamente (como está del otro lado del rollo) será destruido.

La escritura por las dos caras en las tablas y el rollo que vuela podría significar que cada mensaje de Dios está completo, sin que le sobre o falte nada; y lo mismo ocurre con la suma de su Palabra, a fin de que nadie añada o quite ni un ápice de ella (Dt 4:2). También podría ser una indicación de que toda la Palabra de Dios es aprovechable para nuestra vidas, tanto la que se escribió en el Antiguo Testamento como la del Nuevo Testamento (2 Ti 3:16-17).

Dt 4:2; (también Ap 22:18-19) No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordene.

2 Ti 3:16-17; Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

¿POR QUÉ FUERON ESCRITAS EN LA DURA PIEDRA?

Una respuesta fácil a esta pregunta sería que Dios eligió la piedra para garantizar una mejor conservación, dado que la misma puede resistir el paso de los años sin verse apenas afectada por el agua, fuego, o posibles roturas. Pero creo que el verdadero sentido de esta elección consiste en que quiso reflejar la dureza de corazón de los destinatarios de la ley.

Como podemos observar en las siguientes citas y en otras muchas que no he seleccionado, Dios acusa con frecuencia a su pueblo de ser duros de corazón o duros de cerviz, que viene a ser lo mismo. La cerviz es la parte trasera del cuello, por lo que las personas de dura cerviz son aquéllas que no la doblan para inclinarse o someterse en obediencia al Señor.

Dt 9:6; Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú...

Dt 31:17; Porque yo conozco tu rebelión, y tu dura cerviz; he aquí que aun viviendo yo con vosotros hoy, sois rebeldes a Jehová; ¿cuánto más después que yo haya muerto?

Is 46:12; Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia...

Jer 17:1; El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares…

En otras porciones de la Biblia Dios añade más información al condenar la dureza de su pueblo Israel. Por ejemplo, en Is 48:4 y Ez 3:7, a la dureza de corazón o de cerviz le añade la dureza de frente. Eso significa que la mente humana se resiste o niega a escuchar a Dios, como consecuencia de tener un corazón endurecido. Así que la dureza de cerviz de los que son rebeldes a Dios se traslada a sus frentes o mentes.

Is 48:4; Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce…

Ez 3:7; Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mí; porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón.

Pero a su vez los corazones endurecidos por el pecado también revelan incredulidad. De manera que un corazón duro coexiste siempre de manera inseparable con una mente obstinada, y con la incredulidad.

Mr 16:14; Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

He 3:12-13; Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; 13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

¿POR QUÉ DIOS PLASMÓ SUS MANDAMIENTOS EN DOS TABLAS?

Quizá alguien pueda pensar que Dios escribió sus diez mandamientos en dos tablas, porque si hubiera utilizado una sola, ésta sería pesada y poco manejable, hasta el punto de no caber en el arca del pacto.

Dicha explicación puede parecer una buena ocurrencia; sin embargo, dado que las tablas contienen el testimonio de Dios (Éx 31:18), creo que el principal motivo por el que usó dos es porque quiso ajustarse al principio de validez de todo testimonio, el cual tiene que ser ratificado por dos o más testigos para que sea admitido como válido.

Éx 31:18 (también Éx 32:15); Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.

Pero además del señalado, hay al menos otros dos motivos por los que Dios quiso usar dos tablas. En primer lugar éstas representan la base o fundamento de toda la ley y los profetas, que a su vez se resumen en dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo nuestro ser, y al prójimo como a nosotros mismos. Y en segundo lugar las dos tablas ponen el foco en sendas partes esenciales del ser humano: la mente y el corazón.

Las dos tablas como testigos que avalan el testimonio de Dios

Esta regla que debe cumplir todo testimonio para que sea válido está presente en multitud de textos de la Biblia como, por ejemplo, Dt 19:15, 2 Co 13:1, Dt 30:19, Ap 11:3-4, etc.

Dt 19:15 (también Dt 17:6); No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida. Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.

2 Co 13:1; Ésta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto.

Dt 30:19 (también Dt 4:26); A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia

Ap 11:3-4 (también Zac 4:11-14); Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. 4 Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.

El propio testimonio de Jesús como Hijo de Dios estuvo respaldado por una serie de testigos que él mismo citó en los evangelios. En efecto, vemos en Jn 5:36-37,39 que fueron sus propias obras, las Escrituras y el Padre quienes dieron testimonio de él.

Jn 5:36-37,39; Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado. 37 También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí… 39 Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí…

Asimismo cuando Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, el Padre, en conjunción con el Espíritu Santo, testificó acerca de él diciendo que es su Hijo amado, en quien tiene complacencia (Mt 3:16-17).

Mt 3:16-17 (también Mr 1:9-11 y Lc 3:21-22); Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. 17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.

Por último, en Jn 15:26-27 Jesús anunció a sus discípulos que el Espíritu de verdad, que él les iba a enviar procedente del Padre, daría testimonio de él, y que también ellos testificarían sobre su identidad como Hijo de Dios, así como de todas las obras maravillosas que había hecho.

Jn 15:26-27; Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.

Las dos tablas como fundamento y resumen de toda la ley

Los diez mandamientos contenidos en las dos tablas del testimonio tuvieron un posterior desarrollo normativo (Dt 11:1), que culminó en la promulgación de la ley y las instrucciones de los profetas. Así que las dos tablas nos remiten a la ley y los profetas para que conozcamos la voluntad de Dios y le obedezcamos.

Dt 11:1 (y otros); Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días.

Ahora bien, el cumplimiento estricto de la ley en su tenor literal era una obligación para los que vivían bajo el viejo régimen del antiguo pacto; pero no para los que ahora vivimos bajo el régimen nuevo del Espíritu, que es el nuevo pacto en la sangre de Cristo (Lc 16:16; Ro 7:6). A este respecto son bastantes y muy claros los textos que demuestran que los discípulos del Señor no estamos bajo la ley, porque hemos muerto a la misma con Cristo (sobre este tema ya diserté en otro estudio).

Lc 16:16; La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él.

Ro 7:6; Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

Con todo, los preceptos de la ley y los profetas los podemos cumplir de otro modo; para ello basta con seguir la llamada regla de oro de Mt 7:12. Por otra parte, esos dos pilares que la Escritura llama la ley y los profetas sintetizan o resumen los dos grandes mandamientos de la ley, que siguen vigentes: el primero y principal nos manda amar a Dios con todo nuestro ser; y el segundo, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22:36-40).

Mt 7:12 (también Lc 6:31); Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

Mt 22:36-40 (también Mr 12:29-33); Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

No quiero pasar al siguiente apartado sin antes recordar que es imposible amar verdaderamente a Dios a quien no hemos visto, si no amamos a nuestros hermanos a quienes vemos (1 Jn 4:20-21).

1 Jn 4:20-21; Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

Las dos tablas apuntando a la mente y el corazón de las personas

Tal como ya he anticipado, la respuesta que damos los hombres al llamado de Dios a obedecer sus leyes depende de dos partes esenciales de nuestro ser, como son la mente y el corazón (Ap 2:23).

Ap 2:23; Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.

Desde la caída de la gracia en el jardín del Edén la naturaleza del ser humano es pecaminosa, y por eso tiende al mal (Gn 8:21). Éste se incuba en el corazón en forma de pensamientos, sentimientos y deseos, y de ahí sale o se manifiesta en nuestras palabras y actos (Mt 12:34-35; Mt 15:18-19).

Gn 8:21; Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

Mt 12:34-35; ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.

Mt 15:18-19; Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

Por otra parte en la mente radica la inteligencia que, junto con la conciencia, debe guiar la voluntad, emociones, sentimientos, deseos, etc. Pues bien, por causa del pecado el hombre natural tiene el entendimiento velado (2 Co 3:14; 2 Co 4:3-4). De ahí que el Señor nos exhorte a no andar en la vanidad de nuestra mente, con el entendimiento entenebrecido y el corazón endurecido (Ef 4:17-18). Debemos, por el contrario, renovarnos en el espíritu de nuestra mente, vistiéndonos del nuevo hombre en Cristo (Ef 4:22-24).

2 Co 3:14; Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.

2 Co 4:3-4; Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

Ef 4:17-18; Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón…

Ef 4:22-24; En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Pero demos gracias al Señor, porque prometió cambiar la mente obstinada y el corazón endurecido de los hijos de Israel para que se vuelvan a Él arrepentidos. Cuando eso suceda, el velo espiritual que cubre sus rostros se les caerá (2 Co 3:15-16), por lo que verán y entenderán su pecado, lamentando y llorando por haber rechazado a Jesucristo como el Mesías (Zac 12:10). Entonces entrarán en un nuevo pacto con Él, y sus leyes serán escritas en sus mentes y corazones para que dejen de ser de piedra y pasen a ser de carne (Jer 31:33; Ez 11:19).

2 Co 3:15-16; Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.

Zac 12:10; Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.

Jer 31:33 (también He 10:16); Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Ez 11:19; Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne…

El pacto futuro que Dios hará con Israel es el mismo que mantiene hoy con su iglesia o cuerpo de Cristo, formada por un remanente de judíos y gentiles. A diferencia de lo sucedido en el antiguo pacto, cuyos mandamientos fueron escritos por Dios en tablas de piedra, en el nuevo pacto Cristo escribe sus leyes en nuestros corazones reblandecidos por su sangre derramada por nosotros, y no con tinta, sino con su Espíritu (2 Co 3:3).

2 Co 3:3; ...siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

NECESITAMOS ENTENDER CON EL CORAZÓN

A primera vista parece un contrasentido entender con el corazón, porque asociamos el corazón con las emociones y el entendimiento con la mente; pero eso es lo que quiere el Señor de nosotros (Is 6:10; Jn 12:39-40; y otros). Si permitimos que nuestro corazón se endurezca, no sólo se entenebrece nuestra mente; también se corrompe nuestra conciencia y dejan de funcionar nuestros sentidos espirituales, específicamente el oído y la vista. La consecuencia de todo esto es que no obtenemos la salvación de Dios (la sanidad en este contexto es espiritual, por lo que equivale a salvación).

Is 6:10; Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.

Jn 12:39-40 (también Mt 13:14-15; Hch 28:25-27; y otros); Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane.

En efecto, tanto el entendimiento espiritual como la sabiduría que proviene de lo alto, sólo son posibles si nos humillamos delante de Dios, reconociendo su total autoridad sobre nuestras vidas. Para ello tenemos que ser dóciles y doblar nuestra cerviz; o lo que es lo mismo, tenemos que ablandar nuestros corazones. De ahí que en Job 28:28, así como en diferentes porciones de Salmos y Proverbios (Pr 1:7), Dios declare que el santo temor es el fundamento de la verdadera sabiduría y lo que da inicio al hombre en ella.

Job 28:28; Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia.

Pr 1:7 (y otros); El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

Pero de Is 6:10 y Jn 12:39-40 también se puede extraer otra enseñanza de vital importancia: cuando el hombre se empeña en endurecer su corazón y obstinar su mente, rechazando el llamado del Señor al arrepentimiento y la conversión, la maldad puede llegar a colmar la paciencia de Dios y hacer que éste lo endurezca por completo, entregándolo a una mente reprobada (Ro 1:28). Así ocurrió, entre otros, con el faraón cuando se negó a dejar salir a los hijos de Israel de Egipto (a quien esté interesado en profundizar sobre este punto, lo invito a leer otro estudio mío titulado Bondad y severidad de Dios).

Ro 1:28; Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…

Sin más, finalizo aquí este estudio, esperando haber contribuido a un mayor conocimiento de la bendita Palabra de Dios, y a fomentar en mis lectores el hábito de escudriñar y meditar en ella.

Reciban todas las bendiciones que Dios tiene para los que le temen (Sal 34:9).